"LA HISTORIA DE LA FILOSOFÌA ILUSTRADA"

MEDITACIÒN CUARTA

 

Habiendo demostrado la existencia de Dios hemos apreciado también que nosotros somos imperfectos, una imperfección que se demuestra a la hora de realizar juicios. No podemos saber si algo es cierto o no, pero si Dios es perfecto el engaño y el fraude son imperfectos, lo que nos lleva a pensar que no pueden proceder de Dios. Aunque nosotros, a través de la razón, podemos distinguir entre lo verdadero y lo falso, también muchas veces hemos sido inducidos al error. Pues siendo producto de Dios, como somos, ¿cómo es posible que seamos imperfectos? Cuando queremos distinguir entre lo verdadero y lo falso usamos el entendimiento y la voluntad. El entendimiento nos permite captar nuestro entorno pero no afirma ni niega nada; por lo tanto el error tiene que proceder de la voluntad, al ser más amplia realiza juicios sobre cosas que no conoce, llevándonos al error. Para no caer en el error debemos usar la razón antes que la voluntad. Dios nos proporcionó la “herramienta” de la voluntad y nosotros le hemos dado un mal uso. Para realizar buenos juicios debemos ver si la idea viene de Dios y es clara y distinta, pues será verdadera, y debemos evitar ideas confusas probablemente creadas por un genio maligno.

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